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A comienzos del siglo VIII los árabes, bajo la dinastía omeya y la fe del Islam, alcanzaron el dominio de un gran imperio que se extendía desde la Península Ibérica y el sur de Francia por el occidente, hasta el río Indo y el Asia central por el oriente. El centro político de este amplio imperio se desplazó con los omeyas desde la Meca y Medina hacia Damasco. Con ello, la región de la Balqa, que correspondía a la zona norte de la actual Jordania, y su capital Amman, adquirieron un protagonismo nuevo que se vio plasmado en una importante actividad constructiva cuya manifestación más conocida son los numerosos palacios y residencias campestres levantadas en la zona del desierto lindante con las áreas habitadas. |
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